‘No quiero ser moralista con mis novelas’ /www.eltiempo.com

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marzo 24, 2015 por ciudadanocomun

La escritora María Dueñas habla de su libro, ‘La Templanza’, que salió a ventas con 500.000 copias.
Fuente: http://www.eltiempo.com/entretenimiento/musica-y-libros/
Por: CARLOS RESTREPO | 12:50 p.m. | 23 de marzo de 2015 La novelista manchega, de 51 años, posa en una bodega vinícola de Jerez de la Frontera, en Andalucía, donde transcurre ‘La Templanza’, su última obra.
Foto: Luis Serrano
La novelista manchega, de 51 años, posa en una bodega vinícola de Jerez de la Frontera, en Andalucía, donde transcurre ‘La Templanza’, su última obra.
Mientras camina las calles adoquinadas del casco histórico de la ciudad de Jerez, en el sur de España, la escritora manchega María Dueñas disfruta señalando antiguos palacetes, en los que sitúa las residencias imaginarias de los protagonistas de su nueva novela, La Templanza, que sale con un tiraje inicial de medio millón de ejemplares, y que estará presentando en la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Una cifra inimaginable para un escritor, de no estar precedida por otra aún más increíble: más de cinco millones de copias vendidas de sus dos novelas anteriores (El tiempo entre costuras y Misión olvido), en 35 lenguas, además del éxito que ha tenido en Netflix la adaptación televisiva de su primer libro.

EL TIEMPO fue el único medio colombiano que tuvo la oportunidad de recorrer, en compañía de Dueñas, los lugares históricos de Jerez que le sirvieron como telón de fondo para recrear la vida de Mauro Larrea, un español que logra amasar una gran fortuna en las minas de plata de México, pero cuya quiebra repentina lo lleva, en la segunda mitad del siglo XIX, de regreso a su patria.

El protagonista del libro se radica entonces en la población de Jerez –a unos 30 kilómetros del emblemático puerto de Cádiz–, reconocida por fabricar el famoso vino que lleva su nombre.

“Como tantos hombres hechos a base de lucha sin tregua, Mauro Larrea había desarrollado una pasmosa habilidad para huir siempre hacia adelante. Los pozos de plata en Guanajuato, en sus primeros años en América, le forjaron el carácter”, anota la autora en La Templanza para jugar con la idea del título, que, si bien alude al nombre ficticio del viñedo de una tradicional familia de Jerez (los Montalvo), también le permite reflexionar sobre esa virtud humana.

La historia, que llevará al lector desde México hasta la población vitivinícola andaluza, pasando por la próspera Habana de la época, está poblada también, entre otros personajes, por Soledad Montalvo, una dama ilustre que pondrá a temblar al protagonista.

¿Por qué decidió comenzar la historia en México?

Es una cosa más histórica lo que me lleva allí. Yo empiezo a investigar teniendo claro que quiero escribir una novela sobre el comercio del vino de Jerez en el siglo XIX, que es el momento de ebullición y transformación de todo aquel universo, y entonces me entero de que entre los grandes bodegueros de la época hubo varios que montaron sus negocios gracias a lo que se llamaba capitales de retorno. Era gente española que se había ido a América, que había hecho fortuna y que luego volvía a la madre patria con esos dineros para invertirlos en empresas boyantes, como la del vino de Jerez.

Casi el 20 por ciento de todo lo que España exportaba al mundo salía de ese rinconcito y era vino, que iba fundamentalmente a Inglaterra. Así, decidí que mi protagonista sería un falso indiano, con una vuelta de tuerca y es que no sería rico. Tendría la fachada de un hombre acaudalado, pero, en el fondo, se encontraba en la ruina.

Después de dos protagonistas mujeres (Siri Quiroga y Blanca Varela), ¿cómo le resultó la estructuración psicológica de un personaje masculino?

Mauro Larrea ha sido muy amable conmigo, porque me ha dejado meter en su piel con mucha comodidad. Digamos que ya lo había ensayado un poco. En El tiempo entre costuras, los personajes masculinos son de muy bajo perfil y las mujeres, mucho más poderosas. En Misión olvido, Blanca es la protagonista, pero sí que lleva de la mano a dos hombres poderosos, el profesor americano Daniel Carter y el exiliado español Andrés Fontana. Allí, ensayé cómo sería construir el esqueleto de un hombre. Y como me había resultado agradable el proceso y el resultado había sido satisfactorio, aquí ya me arriesgué con Larrea.

En las dos primeras novelas, son mujeres las que cambian su historia fruto de un gran desencanto. Acá es un varón…

Que además tiene que salir de un desencanto totalmente distinto, porque no es un descalabro sentimental, sino una ruina financiera. Pero, bueno, es verdad que los tres parten de una crisis, hay como un punto de inflexión en su vida, que es lo que los hace ponerse en marcha.

¿Además de ser el nombre del viñedo, La Templanza es una metáfora de los que pueden volver a levantarse?

Sí, a mí me gustaba jugar con el doble sentido. Es el nombre de la viña, pero también es lo que Mauro Larrea no tiene, porque él va arrebatado, siempre impulsivo e intuitivo. No es un hombre templado, en principio, y, además, cuando viene a Jerez, todo se le complica más. Y es al final, cuando todo se desencaja, que intuimos que él necesita poner esa templanza en su vida y su destino es uno totalmente inesperado, que lo reposa, lo tranquiliza, lo vuelve más reflexivo, más introspectivo. Es esa templanza que llega a su vida cuando menos lo sospecha.

En el fondo, sus personajes siempre parecen sufrir una transformación moral…

Yo no quiero ser moralista con mis novelas, pero es verdad que hay una lectura subliminal, en el fondo, que sí, que los lleva a ser unos personajes a los que se les trastocan sus principios, sus valores y sus objetivos finales. Con lo cual, más allá de las aventuras y de las peripecias, sí que hay también una mudanza moral de los personajes.

En esa misma línea, uno de los personajes (Andrade) se vuelve la voz del subconsciente de Larrea. ¿Cómo surgió esa idea?

Como Mauro está desbocado, yo creía que necesitaba un contrapeso, alguien que le fuera templando. Entonces, en un principio, esa voz es su íntimo amigo, que también es su apoderado, un personaje más frío, más calculador, en el buen sentido de la palabra, que sopesa todo mucho más y prevé las consecuencias. Son tan amigos, que cuando ya no lo tiene cerca, el cerebro de Larrea desarrolla como una segunda voz que le hace imaginar qué diría Andrade en ese momento, que termina siendo la voz de su propia conciencia, la voz de la sensatez.

¿En quién se inspira la familia vinícola de los Montalvo?

La familia Montalvo representa un poco ese concepto universal de negocio familiar intergeneracional, en el que las primeras generaciones le ponen mucha ambición y arrojo, consiguen levantar algo grande, las segundas generaciones lo descuidan y ya las terceras lo hunden. Un modelo muy recurrente. No me fijé en nadie en concreto, pero durante la investigación, mientras leía los listados de las grandes bodegas del XIX, vi que algunas persisten.

¿Por qué la historia pasa por Cuba?

Pasar por Cuba era casi un capricho mío, porque yo quiero mucho ese país y me apetecía hacerlo. Pero también es verdad que en aquellos años, cuando ya se han independizado de España todas las antiguas colonias, y ya son jóvenes repúblicas, Cuba sigue siendo el último eslabón del imperio Español, que ya está decrépito. Entonces había muchísimos españoles viviendo en Cuba, que era un país rico y próspero con el azúcar y el café. Me parecía que esa era una salida razonable para Mauro Larrea: el buscar fortuna allí. Además, estaba la esclavitud todavía vigente. En fin, era un territorio novelesco muy seductor.

¿Generalmente elige un tema histórico y los personajes van surgiendo, o es al revés?

En las tres novelas me ha pasado lo mismo: empiezo por un escenario geográfico, con una ambientación histórica. En El tiempo entre costuras, fue el Marruecos del protectorado, con el que tenía una vinculación familiar; en Misión olvido, fueron las misiones franciscanas en California, que me seducían, y en este caso, es el mundo de Jerez y el comercio con Inglaterra. Una vez tengo ese tapete de fondo, establezco las coordenadas del momento histórico en el que quiero ubicar a los personajes, y, a partir de ahí, empiezo a crear los personajes y sus peripecias vitales. Y cuanto todo está claro, me siento a escribir.

¿Cómo fue la investigación?

Me documenté en libros, visité los lugares, consulté fotografías de la época, miré documentales, prensa del momento, hablé con gente de un sitio y otro. Leí, por ejemplo, a muchos escritores que han relatado Jerez, como José Caballero Bonald o Vicente Blasco Ibáñez, que escribió La bodega. Leí sobre el comercio negrero, para ambientar cuando la trama está en La Habana; leí sobre el México de entonces. Todos han sido compañeros de viaje documentales, pero la historia se ha construido sola.

En sus libros se nota una mayor preocupación por el detalle y no tanto por las fechas históricas…

Precisamente, eso es lo que más me interesa, por encima de los hechos y los datos históricos, porque para eso hay otros recursos, como la Wikipedia.

Me gusta más saber lo sensorial, qué comían, cómo olía, cómo era la vida de las calle, las atmósferas, como vestía la gente, cómo eran las casas, cómo iluminaban las habitaciones. No me parecen elementos decorativos, sino una envoltura con unas sensaciones que al final hacen al lector sumergirse en un mundo mucho más que si le das unos fríos datos históricos.

Larrea es la voz dominante, pero al final surge otra con fuerza: Soledad Montalvo…

Soledad es el contrapeso de Mauro. Aparece en su vida cuando él no se lo imagina y nos damos cuenta de su vulnerabilidad, debajo de esa fachada masculina. Soledad es una mujer, creo, muy contemporánea, aunque sea del siglo XIX. Es una mujer que tiene sus intereses y que tiene que buscarse recursos para salir adelante, más aún, por ser una mujer que no ha sido criada sino para casarse por decisión del abuelo, para que el negocio familiar funcione. Por eso, la casa con su agente inglés, que distribuía sus vinos en Inglaterra. Pero cuando las cosas se le tuercen y ella se hace con las riendas del negocio, desde la oscuridad busca de todas formas cómo salvarlo. Es una mujer que va tres pasos por delante de Mauro.

¿Cómo recibe la fama que le ha traído la serie sobre ‘El tiempo entre costuras’ en Netflix?

Con alegría, pero la tengo guardada en una cajita. Es más, la serie de televisión consiguió su éxito justo durante el periodo de escritura de esta novela. Y ni siquiera consentí que eso sucediera. Conscientemente, me encapsulé en este proyecto, para que eso no ocurriera. Me parece que hicieron una serie que no ha defraudado a los lectores. Yo no sabía qué tanta proyección estaba teniendo en América Latina, hasta que llegué a la Feria del Guadalajara y todo el mundo me hablaba de la serie que estaba viendo por Netflix.

¿Le han ofrecido llevar también ‘Misión olvido’ a la televisión?

No, porque son dos historias en dos momentos históricos, entre California y España, que sería muy complicado llevar a la televisión.

CARLOS RESTREPO
Redactor de EL TIEMPO
Jerez de la Frontera (España)*.
* Por invitación de Editorial Planeta.

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